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El Pelaje Azul: Segunda Parte

Segunda parte del Bonus Stage de los sábados

El castillo tenía tres pisos de altura con cien puertas en cada ala y, como había muchas llaves en el llavero, las amigas fueron de puerta en puerta y se divirtieron mucho abriendo puertas. Detrás de una puerta estaban las despensas de la cocina; detrás de otra, los cuartos donde se guardaba el dinero. Había toda suerte de riquezas y todo les parecía cada vez más prodigioso. Al final, tras haber visto tantas maravillas, llegaron al sótano y, al fondo de un pasillo, se encontraron con una pared desnuda.

Estudiaron desconcertadas la última llave, la de los adornos encima.

-A lo mejor, ésta llave no encaja en ningún sitio.

Mientras lo decían, oyeron un extraño ruido… << eeerrrr >> Asomaron la cabeza por la esquina y ¡Oh, prodigio! Vieron una puertecita que se estaba cerrando. Cuanto trataron de volver a abrirla, descubrieron que estaba firmemente cerrada con llave. Tangle gritó:

-¡Amy! ¡Amy! ¡Trae la llave! Ésta debe ser la puerta de la misteriosa llavecita.

Sin pensarlo, Tangle introdujo la llave en la cerradura y la hizo girar. La cerradura chirrió y la puerta se abrió, pero dentro estaba todo oscuro que no se veía nada.

-Amy, trae una vela.

Encendieron una vela, contemplaron el interior de la estancia y las tres lanzaron un grito al unísono, pues dentro había un lodazal de sangre, por el suelo estaban diseminados los ennegrecidos huesos de unos cadáveres y en los rincones se veían unas calaveras amontonadas cual si fueran pirámides de manzanas.

Volvieron a cerrar la puerta de golpe, sacaron la llave de la cerradura y se apoyaron la una a la otra, jadeando y respirando afanosamente. ¡Dios mío! ¡Dios mío!

Amy contempló la llave y vio que estaba manchada de sangre. Horrorizada, intentó limpiarla con la falda de su vestido, pero la sangre no se iba.

-¡Oh, no! – Gritó.

Cada una de las amigas tomó la llavecita y trató de limpiarla, pero no lo consiguió.

Amy guardó la llavecita en el bolsillo y corrió a la cocina. Al llegar allí, vió que su vestido estaba manchado de rojo desde el bolsillo hasta el dobladillo, pues la llave estaba llorando lentamente gotas de sangre de color rojo oscuro.

-Rápido, dame un poco de crin de caballo – le ordenó a la cocinera.

Frotó la llave, pero ésta no dejaba de sangrar. De la llavecita brotaban gotas y más gotas de sangre roja.

La sacó fuera, la cubrió con ceniza de la cocina y frotó enérgicamente. La acercó al calor para chamuscarla. La cubrió con telarañas para restañar la sangre, pero nada podía impedir aquél llanto.

-¿Qué voy a hacer? – Amy gritó entre sollozos -. Ya lo sé. Esconderé la llavecita. Esto es una pesadilla. Todo se arreglará.

Y eso fue lo que hizo.

El esposo regresó justo a la mañana siguiente, entró en el castillo y llamó a la esposa.

-¿Y bien? ¿Qué tal ha ido todo en mi ausencia?

-Ha ido todo muy bien mi querido señor.

-¿Cómo están mis despensas? – Preguntó el esposo con voz de trueno

-Muy bien, mi señor.

-¿Y los cuartos del dinero? – Rugió el esposo.

-Los cuartos del dinero están muy bien mi señor.

-O sea que todo está bien, ¿No es cierto, bella mía?

-Sí, todo está bien.

En tal caso – Dijo el esposo en voz baja – será mejor que me devuelvas las llaves.- Le bastó un solo vistazo para darse cuenta de que faltaba una llave -. ¿Dónde está la llave más pequeña?

La…la he perdido. Sí, la he perdido. Salí a pasear con los Chao, se me cayó el llavero y debí de perder una llave.

¿Qué hiciste con ella, mujer?

No…no…me acuerdo.

¡No me mientas! ¡Dime qué hiciste con la llave! – El esposo le acercó una de sus grandes manos como si quisiese acariciar su rostro, pero la tomó de un mechón de sus espinas rosadas – ¡Esposa infiel! – Gritó arrojándola al suelo -. Has estado en la habitación, ¿Verdad?

Abrió el armario ropero y vió que de la llavecita colocada en el estante superior había manado sangre roja que manchaba todos los preciosos vestidos de seda que estaban colgados debajo.

-Pues ahora te toca a ti, señora mía – gritó, y llevándola a rastras por el pasillo bajó con ella al sótano hasta llegar a la terrible puerta.

El Werehog se limitó a mirar la puerta con sus fieros ojos y ésta se abrió. Allí estaban los esqueletos de todas sus anteriores esposas.

-¡¡¡Ahora!!! – Bramó

Pero ella se agarró del marcó de la puerta y le suplicó:

-¡Por favor! Te ruego que me permitas serenarme y prepararme para mi muerte. Dame un cuarto de hora antes de quitarme la vida para que pueda quedar en paz con Dios.

-Muy bien – rezongó el esposo – , te doy un cuarto de hora, pero procura estar preparada.

Amy corrió a su habitación en el piso de arriba y pidió a sus amigas que salieran a lo alto de las murallas del castillo.

Después se arrodilló para rezar, pero, en su lugar, llamó a sus amigas.

-¡Amigas! ¿Ven venir a nuestros amigos?

-No vemos nada en la vasta llanura.

A cada momento preguntaba:

-¡Amigas! ¿Ven venir a nuestros amigos?

-Vemos un torbellino, puede que sea una polvoreda.

Entretanto, Werehog ordenó a gritos a Amy que bajara al sótano para asesinarla.

Ella volvió a preguntar:

-¡Amigas! ¿Ven venir a nuestros amigos?

Werehog volvió a llamar a gritos a su mujer y empezó a subir ruidosamente los peldaños de piedra.

Las amigas contestaron:

-¡Sí, los vemos! Nuestros amigos están aquí y acaban de entrar en el castillo.

El Werehog avanzó por el pasillo en dirección a la habitación de su esposa.

-Vengo a buscarte – rugió

Sus pisadas eran muy fuertes, tanto que las piedras del pasillo se desprendieron y la arena de la argamasa cayó al suelo.

Mientras Werehog entraba pesadamente en la estancia y extendía sus garras, Silver y Sonic entraron rápidamente en el castillo e irrumpieron en la estancia.

Desde allí obligaron al Werehog a salir al parapeto, se acercaron a él, empezaron a atacarlo. Derribándolo al suelo. Al final lograron matarlo. Dejando su sangre y despojo a los buitres.

-¿Y qué pasó después señorita Rouge? – Preguntó una somnolienta Cream luchando por mantenerse despierta.

Luego de eso, la pequeña Amy aprendió a ser más astuta y no ignorar su intuición femenina. – Dicho esto, la joven murciélago se levanto y se dirigió a apagar la luz.- Que descanses futura guerrera. Mañana te espera  Blaze para tu entrenamiento.

Adaptación del cuento popular “Barba Azul”  al universo de Sonic.

De lo dicho se deduce,
si el cuento sabes leer,
que al curioso los disgustos
suelen venirle a granel.
La curiosidad empieza,
nos domina, y una vez
satisfecha, ya no queda
de ella siquiera el placer,
pero quedan sus peligros
que has de evitar por tu bien.

Charles Perrault 1697

Autor: Angelise, R.

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